Lo que más sorprende de Zahara de los Atunes, ya desde el principio, cuando nos acercamos por carretera, es el blanco deslumbrante de sus casitas encaladas contra un cielo inmensamente azul. Aquí y allá aparecen salpicadas por palmeras y pinsapos apuntando al cielo. Se accede por un puente que cruza el rio "Cachón" al nucleo urbano y al antiguo barrio de pescadores "Zapal"; este pequeño laberinto de calles está hoy repleto de restaurantes y bares, que están pensados para el creciente turismo de las últimas decadas. Una maravilla para la degustación y el placer.
Sin embargo, todavía podemos ver las pequeñas barcas en la playa de Zahara de los Atunes, y a algunos marineros remendando sus redes, que se quejaran de que la pesca ya no es lo que era. Si observas las playas y los marineros, te das cuenta que eso es precisamente lo que buscan los miles de turistas que cada año visitan Zahara de los Atunes, el mito del pequeño pueblo marinero libre de especulación urbanística. Todo esto lo reune Zahara, gracias por un lado a los terrenos pertenecientes al Ejercito y que rodean gran parte del pueblo y a las restricciones puestas por las ayuntamientos de la zona. El otro mito de Zahara, son sus playas, no necesitamos el Caribe, el pequeño Caribe llega hasta el Cabo de Gracia con una extensión de 8 Km. de playas casi vírgenes, donde poder pasear tranquilamente sin pisar a ningún vecino de toalla.
Todo esto conforma el imaginario del turista para crear, verano tras verano, el gran mito de Zahara de los Atunes.
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